16 Abr 2026

Prof. Tomohiko Sakao. Evidencias para una lavandería regenerativa

Ciclo de entrevistas Vecindario

Científico, consultor y educador vinculado a la Universidad de Tokio y a la Linköping University de Suecia.

Sakao es un reconocido investigador internacional en sistemas de producto-servicio y modelos de economía circular, especialmente en entornos domésticos. En particular, estudia cómo el diseño, la tecnología y el comportamiento se combinan para reducir los impactos ambientales en modelos industriales.

En esta conversación, el profesor Tomohiko Sakao nos ofrece una visión académica y sistémica sobre la transición de los modelos de propiedad individual hacia los sistemas de producto-servicio en el ámbito doméstico. Destaca la lavandería compartida como un ejemplo paradigmático de eficiencia, donde el ahorro de recursos y la optimización de materiales superan, en impacto ambiental, la simple reducción del consumo energético. A través de su investigación, Sakao explica cómo el éxito de estos modelos no depende únicamente de la robustez tecnológica, sino de una comprensión profunda del comportamiento del usuario y de la adaptación al contexto socioeconómico de cada ciudad. Su análisis nos invita a repensar el diseño industrial desde una perspectiva de ciclo de vida y digitalización, desplazando el foco del objeto físico hacia la provisión de un servicio fácil y duradero, capaz de superar las reticencias de la inmediatez y otras barreras culturales.

 

Escucha la entrevista original

 

¿Qué nos dice la evidencia científica sobre el impacto ambiental de pasar de un modelo de propiedad individual a un sistema de lavandería compartida?

La tendencia general en la investigación muestra que los sistemas de producto-servicio (PSS) ofrecen beneficios ambientales positivos en comparación con la venta y el uso individual de productos. Según nuestros estudios, el ahorro de recursos es la categoría donde el impacto es más significativo, incluso por encima de la reducción del consumo de energía o de las emisiones de CO2. Compartir no sólo optimiza el uso de la máquina, sino que reduce la cantidad total de materiales necesarios para dar servicio a una comunidad.

¿Hasta qué punto el comportamiento del usuario influye en la eficiencia de estos sistemas?

Es un factor clave. Aunque es difícil separar exactamente la barrera técnica de la del usuario, el comportamiento influye mucho en el consumo real. Por ejemplo, la cantidad de ropa que pones en cada ciclo puede reducir el consumo a la mitad si se optimiza la carga. Otro factor determinante es la temperatura del agua: calentar el agua a 60 o 90 grados consume muchísima energía, y la decisión de elegir la temperatura adecuada depende totalmente del hábito del usuario.

¿Qué condiciones son necesarias para que una lavandería compartida funcione correctamente a nivel logístico?

Hay dos factores críticos. El primero es el ratio de usuarios por máquina; si hay demasiada gente para una sola lavadora, el impacto en los recursos y la satisfacción del servicio se ven afectados. El segundo es el mantenimiento. Las lavadoras pueden fallar, y los usuarios necesitan que se reparen rápidamente. Si el servicio de mantenimiento es lento, el riesgo es que el usuario pierda la confianza en el sistema compartido y decida volver a comprarse una lavadora individual para su casa.

¿Existen diferencias culturales o de contexto que hagan que estos modelos funcionen mejor en unos lugares que en otros?

Totalmente. Un estudio de la Universidad de Tokio comparó el uso de lavanderías compartidas en Tokio y Bangkok, y las necesidades eran opuestas. En Tokio se utilizan para usos especiales, como lavar piezas muy grandes (edredones) que no caben en las lavadoras domésticas pequeñas. En Bangkok, en cambio, un 40% de la población no tiene lavadora en casa, así que la lavandería compartida es para el uso diario. Esto nos enseña que no se puede copiar un modelo de un lugar a otro sin entender el contexto socioeconómico y las necesidades reales de la gente.

¿Cuáles son los principales riesgos o errores que se han observado en la implementación de estos esquemas?

Un riesgo importante es el efecto rebote en el comportamiento. Por ejemplo, en Suecia se observó que si el usuario no paga directamente la electricidad (porque va incluida en la cuota de la comunidad), tiende a no preocuparse por acortar el tiempo de uso de la máquina. Por otro lado, hay una tendencia curiosa: en algunos complejos de apartamentos en Suecia, la gente ha empezado a comprar lavadoras individuales pese a tenerlas compartidas en el edificio. El motivo principal es el acceso 24/7 y la inmediatez, especialmente en familias con niños pequeños. Esto genera un escenario complejo donde coexisten ambos modelos, y como planificadores debemos saber gestionar esta dualidad.

¿Qué debería cambiar en el diseño de los productos y en las políticas públicas para favorecer estos modelos?

Es necesario pasar del diseño de un producto físico al «pensamiento de sistemas». Diseñar para el uso compartido implica tener en cuenta el mantenimiento, la reparabilidad y la durabilidad desde el inicio. Las empresas que dominen este enfoque sistémico serán las que realmente tengan éxito en el mercado de servicios. A nivel político, la contratación pública verde es una herramienta potente para incentivar estos modelos. También habría que rediseñar la Responsabilidad Ampliada del Productor (EPR) para que no se centre solo en el final de la vida del producto, sino que incentive al fabricante a preocuparse por todo el ciclo de vida y la durabilidad a largo plazo.

¿Cómo ves el futuro de los servicios compartidos en el ámbito doméstico?

La tendencia es claramente al alza, impulsada sobre todo por la digitalización. Ya lo hemos visto con el coche o el patinete compartido; la tecnología facilita el pago, el reconocimiento del usuario y la gestión a través de apps. En el caso de la colada, el futuro pasa por fabricar máquinas más duraderas que puedan dar servicio a más usuarios y por integrar estas soluciones tecnológicas que hagan que la experiencia sea tan cómoda o más que tener la máquina dentro de casa.