LS332. Diseño, simplicidad, calidad y servicio en una máquina

Hablar de la serie LS es recordar un momento de la historia de Girbau, en los años 80, que ha marcado la cultura de una empresa comprometida en proporcionar soluciones completas, sostenibles e innovadoras para el tratamiento textil en un mercado global. Su máquina LS332 es un buen ejemplo de ello. Desde Girbau LAB tenemos la oportunidad de conversar con Antoni Girbau, miembro de la familia y entonces responsable del área operativa de la empresa, quien nos explica el origen de la LS332.

La LS332 fue una máquina pionera. Era una máquina que debía estar pegada al suelo, pero incorporaba innovaciones importantes. Además de la «centrifugación», que ya era una innovación para Girbau, también incorporaba otras: una muy importante era que el tambor se podía desmontar por delante fácilmente, lo que hacía que las reparaciones fueran mucho más rápidas y fáciles para los técnicos. Las de la competencia eran mucho más difíciles de desmontar. Otra innovación fue hacer la máquina más baja para que tuviera el centro de gravedad muy cerca del suelo y así no vibrara tanto. También ampliamos el diámetro del bombo para lavar mejor. El éxito de nuestra máquina radicaba en su simplicidad.

Por aquel entonces, fabricábamos máquinas lavadoras industriales que no centrifugaban, solo realizaban un precentrifugado. En ese momento, ya habíamos comenzado a exportar y un amigo del sector, representante de las principales marcas europeas de lavadoras, nos convenció de dar el salto a Estados Unidos para vender nuestras máquinas allí. Tenía un conocido que, según nos dijo, podría ser nuestro representante y venderlas. Enviamos una y aprovechamos uno de los viajes de la Cámara de Comercio para ir a Nueva York a verlo. Fue un fracaso, cuando llegamos, lo primero que preguntó fue: ¿No centrifuga? No, solo un poco. Entonces no la quiero.

 

 

Después de ese comienzo, tuvimos la oportunidad de visitar a un fabricante en Chicago. Una vez allí, les pedimos si podían proporcionarnos la documentación que entregan en los servicios postventa para entender cómo estaban hechas las máquinas y aprender. No sé qué tradujo exactamente el traductor, pero se rieron mucho. Siempre he pensado que les dijo que quería la documentación para copiar sus máquinas (¡que sí centrifugaban!). Nos fuimos de Chicago con las manos vacías y sin entender muy bien qué había pasado. Más tarde, unos meses después, recibimos un sobre anónimo con la documentación del servicio postventa de la máquina que habíamos visto en Chicago. Fue mágico. Alguien se «acordó» de nosotros. Esta información fue clave para el nacimiento de la LS332.

 

“En Girbau supimos encontrar una buena fórmula entre el diseño, la simplicidad, la calidad y el servicio en una máquina, la LS332 ”

 

Posteriormente, desarrollamos máquinas de alta velocidad con sistemas de suspensión que no necesitaban estar pegadas al suelo, incorporamos la electrónica y nuevas tecnologías que proporcionaban a las máquinas más prestaciones, etc., pero la LS332 siempre ha mantenido su éxito comercial. La hemos seguido exportando a lugares donde se ha valorado la simplicidad, la fiabilidad, la facilidad para solucionar posibles averías, su robustez, … Por eso, el éxito de esta máquina se ha mantenido durante tantos años. Girbau fabricaba máquinas que la competencia no tenía.

Después de 35 años y 8.123 unidades vendidas (2.474 a EE. UU. y 5.649 a el resto del mundo), aunque las LS332 sigan siendo tecnológicamente vigentes, los cambios normativos y las nuevas certificaciones hacen inviable su continuación en la producción. Su diseño y su simplicidad siguen siendo fuentes de inspiración para las nuevas soluciones tecnológicas que Girbau propone.

 

 

Después de hablar largo y tendido sobre la LS332, Antoni (Toni) Girbau se sumerge en el pasado y narra de manera espléndida la historia de una aventura empresarial repleta de momentos únicos. Los lectores, no os fijéis en la exactitud de las fechas o la información, quedaros con el espíritu, el talante y la emoción con la que Toni explica la trayectoria de una vida muy poco habitual.

La historia de Girbau comienza en 1920, en la ciudad de Vic. Joan Girbau i Vilageliu, padre de Pere, Toni y Teresa, funda un taller electromecánico orientado a las aplicaciones eléctricas de reciente aparición. En aquellos años, la radio se populariza y se abren también tiendas de electrodomésticos.

Con la Guerra Civil todo se complica y hay que buscar nuevas oportunidades. El negocio familiar evoluciona hacia la fabricación de aparatos de rayos X donde la eléctrica y la electrónica pasan a ser ejes centrales. Desde Vic se hace todo el proceso de fabricación.

Es a finales de la década de los 50 que los tres hermanos se incorporan al negocio familiar. Pere había acabado los estudios de peritaje eléctrico, Toni los de peritaje mecánico y Teresa los de graduada social. Los tres podían tener un papel.

 

“Hemos tirado hacia adelante, entre otras cosas, porque llevarte bien con la gente hace que te encuentres con buenas personas que también te ayudan a tirar hacia adelante”

 

Cuando acabé los estudios me incorporé a las actividades de mi padre que entonces hacía mesas de rayos X. Estaba muy orgulloso porque había hecho algunas para el Hospital de Sant Pau. Mi primer trabajo fue hacer los dibujos de las mesas de rayos X y cuando acabé el encargado me dijo: Escucha muchacho, te crees que nos tienes que hacer dibujos? Nosotros ya sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer y no nos hacen falta tus dibujos. Se lo comenté a mi padre y me dijo que no sufriera, que no haríamos más mesas de rayos X porque siempre perdía dinero con ellas. Cada médico la quería diferente. Desde aquel momento haríamos… ¡máquinas de lavar!

Desde la tienda de electrodomésticos, la demanda de lavadoras era superior a la que se podía importar entonces, ya que prácticamente no había fabricación nacional. Como también teníamos un taller de 15-20 personas decidimos fabricarlas para venderlas en nuestra tienda. No parecía demasiado difícil. Eran bastante simples y de madera. Y así fue como empezamos a hacer lavadoras, que eran domésticas. Pero entonces llegaron las multinacionales y no nos vimos capaces de competir contra ellas… decidimos dejar de hacer lavadoras domésticas y hacerlas industriales. Había pocos fabricantes y eran más pequeños que nosotros. Entonces, tuvimos la suerte de que llegó el boom turístico y empezaron a venir turistas a Mallorca y se construyeron muchos hoteles y empezamos a vender mucho fuera de Catalunya.

El taller donde estábamos, en el Pla de Balenyà de Vic, se nos quedó pequeño y pudimos comprar la nave donde estamos ahora, la de los Tortosins. Se llamaba de los Tortosinos porque era de una gente de Tortosa que fabricaba material de guerra para los republicanos y tuvieron que irse del Ebro por la guerra. Posteriormente, fue ocupada por la empresa de Serra, que hacía maquinaria textil. Serra premontaba las maquinas en el taller, se marcaven las piezas despúes de ajustarlas y las desmontaba, para volverlas a montar en casa del cliente. Cuando Serra pasó a formar parte de un grupo internacional, se empezaron a implantar «las tolerancias». Entonces, las máquinas se podían montar directamente en casa del cliente (eran máquinas muy grandes) y eso hacía que les sobrara espacio. ¡Cerraban los Tortosins! Pere Rifà, un amigo mio, entonces ingeniero en la empresa de Serra, me convenció para comprarla. Pero ¡cuidado! que había el reto que también adquiríamos 30 pisos de la antigua colonia de los tortosins con personas que vivían ahí y que se habían quedado sin trabajo y que mucho dinero no tenían, no podían pagar el agua, ni la luz, ni el alquiler, ni nada… Los teníamos que ayudar.

En esa etapa entre Pere, Teresa y yo hacíamos un poquito de todo.

Fue entonces cuando mi hermano Pere, que era un poco quien lideraba, hizo venir a un amigo suyo experto en organización de empresas y, después de hablar con los tres, designó a Pere como responsable comercial, a mí como jefe del área operativa y a Teresa como jefa de personal. Nos formamos en estas áreas en el IESE y en ESADE y seguimos avanzando.

Había 30 familias viviendo en 30 pisos poco rentables, una cierta responsabilidad moral en una cooperativa formada por los antiguos trabajadores de la empresa de Serra y un grupo de personas con mucho talento y así empezamos en los Tortosins… Primero vinieron unos años de mucha euforia donde todo iba muy bien. Después, con la crisis del petróleo se complicó.

 

 

En la vida encuentras buenas personas que te ayudan. En cierto momento, y como consecuencia de la crisis del petróleo de los años 70, Girbau se vio obligado a exportar para sobrevivir. Pere encontró un cliente (distribuidor) que vendía en Estados Unidos. Allí le exigían una certificación para nuestras máquinas, la Canadian Standard, que era una de las más exigentes del mercado. En España no había nadie que la hiciera y después de buscar mucho encontramos un laboratorio en Holanda, a quien pedimos que vinieran a hacer la certificación. Una vez aquí, el inspector pidió que se bloqueara el rotor del motor para comprobar que los sistemas de seguridad funcionaban correctamente. Lo que pasó es que en el tercer o cuarto test, ¡el motor del sistema de seguridad falló y el motor se encendió! Pensé: ¡Toni, se acabó! ¡De esta no salimos! Pero no fue así. Le expliqué al holandés la situación y él decidió ayudar: la máquina estaba bien pero algunos de sus componentes no. Había que sustituirlos y nos orientó hacia proveedores internacionales que fabricaran estos componentes con la calidad que necesitábamos. Los incorporamos… y obtuvimos la homologación. Nunca agradecí lo suficiente a ese inspector.

Otras veces somos nosotros quienes respondemos y ayudamos. Siempre intentamos ser correctos con todos… Mira, una vez vendimos unas máquinas en Estados Unidos que descubrimos que tenían un defecto y las cambiamos todas sin costo. Nos costó un millón de euros, pero fidelizamos a los clientes. Allí dijeron que Girbau era la única empresa que hacía algo así porque nos llevábamos máquinas que aún no se habían puesto en funcionamiento. Nos costó un dineral, pero desde entonces, el primer mercado que tenemos es el de Estados Unidos. Nos valoran por la calidad del servicio y la seriedad, y eso forma parte de nuestra cultura.

 

Cordura y arrebato. Un día, mi hermano me dijo, Toni, si hubiéramos tenido los conocimientos que tenemos ahora, cuando ya habíamos estudiado en ESADE e IESE, los años anteriores ¿te das cuenta de que esta empresa no existiría? ¿Que nosotros no existiríamos? A veces, el arrebato supera la cordura y hace que las cosas perduren. Siempre habrá empresarios con cordura, porque si no, no eres empresario. A veces te tienes que arriesgar y no hay otra opción que seguir adelante. Siempre he estado convencido de que si tienes un buen producto y ofreces un buen servicio, sigues adelante porque llega un momento en que los propios clientes te ayudan a hacerlo.

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